Texto por Eduardo Cubillo

Como en las mejores épocas de la Play Station 2, una consola nueva llegó a mi casa en navidad. La diferencia fue que esta vez no fue el Niño ni Santa el que la trajo, porque al trancisionar de la juventud a la adultez toca afrontar la dura realidad del capitalismo, y uno tiene que invertir en sus propias maquinas de videojuegos con los frutos del trabajo duro. En este caso y como el titulo lo “spoilea” fue la última gran entrega de Nintendo, la Switch, esta maravilla híbrida con tres modos diferentes de uso, el portátil, en el tele, y de sobremesa.

Las razones para comprarla eran simples: Primero Pokémon Let’s Go Pikachu, un juego que básicamente crecí jugando y la primera edición para Switch en donde Game Freak nos hizo volver adonde empezó toda está desproporcionado caza de monstruos de bolsillo, Kanto. Segundo, era hora de inciar a mi hermano, a quién todavía es el Niño quien le trae los regalos, en este hermoso universo de Nintendo.  

Una vez despedazada la envoltura, era hora de conectar una consola completamente diferente a todas las demás que he tenido acomodar los cables y encontrar un lugar para ponerla fue un proceso que creo no duró más de 10 minutos. Así fue que después de crear el usuario y conectarla -con más dificultad de lo que me gustaría- al Wi-Fi de mi casa, empecé con este remake de Pokémon Amarillo. Tengo que decir que de entrada me fascinó. Tal vez fue la banda sonora, montar un Charizard en alta definición, la nueva forma de capturar o  simplemente la nostalgia, me gustó el tono diferente de la nueva saga.

Unos días después a mi hermano le regalaron Super Smash Bros Ultimate, y creo que esta es la consola perfecta para este título. Ya sea en sobremesa, con los mandos conectados a la pantalla o en el tele, los combates siempre saciarán nuestra sed de violencia entre estos épicos personajes animados. Además me dejó algo claro, y es que no hay lazo de sangre ni amistad tan fuerte como para soportar a alguien que solo use a Kirby.

Pasaron los días, llegó un nuevo almanaque de la carnicería local, (¿muy tarde para decir feliz año?) y la emoción inicial quedó en el pasado, tenerla en casa empezó a ser cotidiano. Fui por Mewtwo y gané la liga Pokémon mientras en el Smash mi hermano desbloqueaba al último personaje, después de lo que descargué Fortnite, vendiendo mi alma al diablo. Todavía no era momento de comprar otro juego, por lo que me dediqué a probar demos y buscar juegos gratis. Usé los siete días gratis de Nntendo Online y sobra decir que no la pase bien en combates de Smash, he de decir que disfruté de los juegos que Nintendo nos da, aunque todavía no me inspira a pagarlo.

No hay nada perfecto, y por lo menos en mi caso, la Switch me ha dado muchos problemas ahora de conectarla a internet, lo que me obliga a reiniciarla varias veces para poder conectarla. El desempeño de la batería en el modo portátil está bien -sin llegar a ser espectacular- , aunque debo de decir, creo que dura demasiado al momento de cargarse. Además, la base que incluye para los controles se me hace algo incómoda.

Pese a esto de momento superó mis expectativas, e incluso las de mi hermano, al que Pokémon mantiene viciado.

La nota de mi primer mes tiene que ser positiva, con un justo 8,5 de 10, si quieren que use números para calificarla. Si no son fans de Nintendo de toda la vida, como yo, esta es una buena opción para empezar en este mundo de fantasías. Al momento ha logrado amasar una variedad importante de juegos disponibles, pero creo que la experiencia diferente que ofrece es lo que realmente la hace competir con las otras consolas disputando esta generación.