Por Francisco Cubillo

Michael Jordan es una figura indiscutiblemente icónica, gozando de un status que trasciende barreras disciplinarias, algo previamente exclusivo a personajes disruptivos del calibre de Steve Jobs o el Che Guevara. Con esto quiero decir: pocas personas vivas cargan un nombre tan pesado como Michael Jeffrey Jordan.

Desde su papel protagónico en Space Jam, que hizo a los 90’s kids sentirlo con un nivel de cercanía y legitimidad del que sólo gozaba Bugs Bunny, hasta su imperio de calzado, que sigue dominando por igual las aspiraciones de los jugadores de basket y las de los creativos de Dior, Jordan transciende el deporte y se corona como uno de los mayores referentes de la cultura popular occidental.

Su imagen es en consecuencia nostálgica y naturalmente conmovedora. El primer par de minutos de la miniserie de Netflix son suficientes para recordarnos esa figura mítica de la época de Super Nintendo y Sega Génesis sobre la que rapeaba Christopher George Latore Wallace, llevándonos de la calma a la euforia, sosteniendo las lagrimas de emoción viendo los highlights de su ascenso.

En Netflix en Español como El Último Baile, es un plato de ingredientes finos, con un material de archivo documental envidiable, grabado con un gusto impecable por un equipo audiovisual que siguió cada paso de los Bulls durante la temporada 97-98 de la NBA. El documental repasa el tour de despedida del equipo, el arco de la carrera de Jordan y visita las vidas de los soportes en su carrera, como Scottie Pippen, Denis Rodman, Phil Jackson o su mamá.

Estas historias sirven para formar una fotografía de su carisma y carácter, con puntos pivotales en su vida, como su historia en la Universidad de Carolina del Norte o el partido de playoffs en el que encestó 63 puntos, perdiendo por una canasta contra los míticos Celtics del 86, dándole el reconocimiento de prodigio más de 7 años antes de ganar su primer campeonato en el 91.

Así como Seinfeld es indiscutiblemente la serie de los 90´s, los Bulls de Chicago, con Michael Jordan como principal responsable de su heroica gesta, son el mejor equipo deportivo visto en la década. Ambos vieron su ocaso el mismo verano del 98, Seinfeld con sus 76.3 millones de televidentes y los Bulls de Jordan con su sexto campeonato de la NBA en 8 años.

Esta óptica es especialmente intrigante en su contexto, sirviendo para poner en perspectiva la era de hegemonía norteamericana en el periodo post-guerra fría, pre-atentados del 11 de septiembre de 2001, década de oro del sueño americano televisado y la cultura gringa globalista liberal, al punto de emerger vínculos como el de Jordan con Bill Clinton, quien es una de las personas entrevistadas en la producción del documental.

En su época le idolatraron todos, desde dictadores como Kim Jong Il hasta superestrellas como Prince, y como resultado existen miles de repasos sobre su historia, pero el volumen y la calidad del material en el documental impresionaría hasta al mayor de sus fanáticos, acompañados de una narrativa brillantemente coordinada permitiendo que las perspectivas cruciales a su historia puedan ofrecer el contexto para interpretarla.

Según el mismo Jordan el documental le haría parecer «un tipo desagradable», por lo que podemos concluir que habrán detalles de sus interacciones más incómodas, con historias similares a la ocasión en la que le pegó a Steve Kerr en la cara durante un entrenamiento. Sólo podemos esperar a ver qué historias nos va a contar el documental.

La serie más anticipada de la historia de la NBA, que en el contexto del COVID-19 logra percibirse casi como un evento cultural, estrena dos episodios en Netflix cada lunes.