Por Francisco Cubillo

Para el virus promedio, alcanzar a reproducirse en más de 3 millones de infectados es un grandísimo lapso de tiempo para evolucionar y adaptarse a nuevos ambientes. Algunos virus, como la influenza que causa la gripe común, mutan bastante seguido, por lo que se crean nuevas vacunas anualmente para mantener la enfermedad controlada.

Por su parte el SARS-CoV-2, responsable por la pandemia de coronavirus, se ha mantenido relativamente estable mutando con más lentitud que la influenza. Eso son buenas noticias para el desarrollo de una vacuna, pero no significa que el virus no esté evolucionando.

Dos nuevos estudios exploraron el genoma de ARN del SARS-CoV-2 buscando mutaciones: en Arizona State University descubrieron una gran eliminación de pares base en muestras de virus tomadas de un paciente en Temple, mientras un segundo estudio de Los Alamos National Laboratory rastreó mutaciones a través de la pandemia, hipotetizando que habría una nueva cepa más poderosa que la originaria de Wuhan.

Sobre los estudios

El estudio de Arizona generó tres genomas completos de SARS-Cov-2 a partir de una serie de muestras, en las que encontraron que uno de los genomas, AZ-ASU2923, tiene una eliminación de 81 pares base en un gen llamado ORF7a.

El gen ORF7a genera una proteína accesoria, que ayuda al virus a infectar, replicarse y expandirse en el huésped humano. La proteína es sospechosa de ayudar específicamente a evadir el sistema inmune y a matar la célula una vez que la replicación esté hecha.

«Una de las razones por las que estas mutaciones son de interés es por que asemejan una eliminación de base grande que ocurrió durante la crisis del SARS en 2003» menciona el virólogo Efrem Lim de Arizona State University.

La profundidad en la que incidan estas mutaciones sobre el virus es incierta, y las investigaciones siguen en pie, pero no parecen ser buenas noticias para el virus.

«Eliminaciones similares en los genomas de SARS-CoV-2 están emergiendo notablemente en el gen ORF8 y podrían reducir la fuerza del virus» asegura la investigación de Arizona.

El segundo estudio, producido por un equipo de Los Alamos National Laboratory, ha recibido bastante más cobertura mediática a pesar de que todavía no ha pasado la fase de revisión de pares.

El equipo de Los Alamos creó un sistema de análisis para rastrear las mutaciones en el virus, en particular las relacionadas al infame pico de proteína en la superficie del virus. Encontraron 14 mutaciones que se acumulan conforme el virus se expande, pero una es particularmente preocupante.

«La mutación D614G es de importancia urgente; empezó a expandirse en Europa a inicios de febrero y cuando llega a nuevas regiones rápidamente se convierte en la cepa dominante», explica el equipo, que aclara que no existe una correlación importante entre D614G y los casos de hospitalización.

Los Álamos argumenta que ya que la cepa D614G sobrepasó la versión de Wuhan (llamada D614) en varias localizaciones alrededor del mundo, esto la volvería una cepa más contagiosa, por lo que sienten la necesidad de hacer «un aviso temprano» en caso de que la mutación afecte el desarrollo de futuras vacunas y tratamientos.

No todos están de acuerdo en que la mutación necesariamente haya cambiado lo contagioso del virus:

Bill Hanage, epidemiólogo de Hardvard, dijo a Gizmodo que la mayoría de secuencias provienen de la cepa europea, pero que podría ser debido a la reacción tardía de los gobiernos occidentales, que habilitaron un contagio mucho mayor al de cuarentenas inteligentes como las de Costa Rica, Nueva Zelanda o Corea del Sur.

Como toda la vida con material genético, los virus mutan lentamente al reproducirse. El SARS-CoV-2 tiene un ritmo de menos de 25 mutaciones al año, bastante menor a las 50 anuales de la influenza. La mayoría de mutaciones son neutrales y no hacen mucho, mientras otro puño le hacen daño y un pequeño porcentaje resultan beneficiosas.

Por ahora no sabemos si la cepa D614G es negativa o beneficiosa en nuestra lucha contra la pandemia, pero lo bueno es que investigadores altamente competentes en Costa Rica y el mundo trabajan diariamente en generar nueva información al respecto.

La investigación de Arizona está disponible en el Journal of Virology y la de Los Alamos está disponible en el servidor de pre-print bioRxiv.