Por Abril Jenkins

La comparación empezó en foros de internet y no era difícil verlo: dos niños brillantes que crecieron a ser genios que podían trabajar más de 80 horas seguidas en sus proyectos; revolucionarios del mundo en que habitaron, a ciento quince años de diferencia entre ambos.

La relación se estrechó cuando tanto la compañía como los carros eléctricos en los que Musk invirtió fueron bautizados bajo el nombre de Tesla. Es clave: “invirtió”. Porque, al fin del día, Tesla fue un gran inventor, y Musk es solo un gran investor (sic). Quizá es esto lo que más crea disonancia al oír a ciertos fanáticos exaltando el legado inventivo de Elon Musk como si fuera comparable al del ingeniero y físico serbocroata.

En primer lugar, porque Musk no creó, conceptualizó o siquiera tuvo la idea inicial de los vehículos eléctricos. Mientras que podemos agradecerle a Robert Anderson por el primer carro eléctrico de la historia en 1832, es a Martin Eberhard y a Marc Tarpenning a quienes se debe dirigir la mirada sobre la construcción e idealización del Roadster, el primer vehículo eléctrico puesto en venta bajo nombre de Tesla Motors. Además, claro, de la fundación de la compañía por ahí del año 2000. Bastante rudo inicio, teniendo en cuenta que Tesla cuenta con más de quince invenciones a su nombre; entre ellas el motor que utilizan los vehículos de dichos Eberhard y Tapperning, y el sistema wireless de internet que utilizamos para leer este artículo. Musk no entró en escena hasta 2004, cuando Eberhard y Tapperning le ofrecieron ser el inversionista principal para luego convertirse en presidente de la junta ejecutiva. 

Como Elon realmente no hizo nada, los fundadores nunca lo mencionaron en ninguna entrevista y la media no lo tomó en cuenta en aquel entonces, lo que enojó al plutócrata. Después de esto, ocasionalmente visitaba a las personas que diseñaban el Roadster y hacía algunos cambios cosméticos que retrasaban a la compañía. La compañía comenzó a crecer y después de muchas jugadas Elon finalmente se convirtió en CEO, gracias a una serie de decisiones con los miembros de la junta a espaldas de Martin Eberhard. En el 2007 echó a Martin de la compañía y desde ese momento su nombre figuró como co-fundador de Tesla; gracias a su carisma mediático, el público lo empezó a ver como tal. Volvamos entonces a Nikola Tesla, a quien le fue arrebatado el mérito de la creación de la radio por Marconi. Volvamos a Tesla, quien fue víctima del hombre que robó crédito por la invención del bombillo, el fluoroscopio y las películas en movimiento: su ex-jefe y timador por excelencia, Thomas Alva Edison. 

Las desavenencias no terminan en uno beneficiándose de méritos dudosos y el otro cayendo en el olvido por la misma razón. Eternamente entrelazada a su disputa con Alva Edison, está la historia de cómo Tesla mejoró al triple los dinamos de este cuando se lo pidió y Edison se rió en su cara cuando el joven pidió los $50,000 que le había prometido de cumplir tal tarea. Le dijo que él no entendía del humor norteamericano; y así pretendía que Tesla se mantuviera trabajando para él. Lo más recordado será la Guerra de las Corrientes entre ambos, donde Edison protagonizaría una de las campañas de desinformación más despiadadas contra la corriente alterna de Tesla, su peor competencia una vez que este se emancipó de él.

Curiosamente, esto resuena con el incidente de Martin Tripp, un ex-empleado de Musk que denunció al medio Business Insider el despilfarro y falta de medidas de seguridad en Gigafactory, situaciones que han sido llamadas a la atención del magnate una y otra vez en sus diferentes sitios. Cuando esto sucedió, Elon Musk procedió a publicar tweets tratando al hombre como un saboteador y espía, además de responder los reclamos de Tripp por privado diciéndole que “amenazarlo solo iba a hacerlo todo peor para él” y que Tripp era “un horrible ser humano”. Tesla Inc. demandó a Martin Tripp por $167 millones poco tiempo antes de que el Departamento de Sheriffs del Condado de Storey recibiera una seña anónima asegurando que Martin Tripp planeaba hacer un tiroteo masivo en su ex-empresa. Cuando la policía enfrentó a Tripp lo encontraron desarmado y llorando, declarando que estaba aterrorizado de Musk y que tal vez él había sido quien había llamado. Poco tiempo después, Tripp escaparía a Hungría para “evitar la atención”. 

Si hay dudas sobre si el electrocutamiento de elefantes cometido por Edison para convencer a las personas que la energía alterna de Tesla era “peligrosa” es o no comparable con una crisis mediática en Twitter donde tuvo que intervenir el SEC (Securities & Exchange Commission) y un hipotético encuadre de delito, centrémonos entonces en el trato a los empleados. Cuando la compañía Westinghouse (que había financiado e implementado la corriente alterna a lo largo del mundo) se declaró cerca de la bancarrota y tuvo que pedirle al inventor si podría reducir sus ganancias por derechos de autor, Nikola Tesla rompió su contrato en pedacitos. Sus regalías se estiman haber estado cerca del billón de dólares. Según se reporta, Tesla dijo que no quería que buenos hombres perdieran su trabajo por él; que el dinero era eso, solo dinero, y que había sido suficiente que Westinghouse creyera en él para darse por satisfecho.

Otra es la historia en las factorías de Musk: el es estándar trabajar 80 horas por salarios incompetentes. La seguridad no es motivo de preocupación, ya que decidió que no le gustaban las líneas amarillas de seguridad en su fábrica. Cuando sucedían accidentes, no eran denunciados, y la empresa no era investigada. Hasta el día de hoy, el entrepreneur está en contra la idea de que se formen sindicatos para proteger a los trabajadores, lo cual no se ve bien viniendo del hijo de una familia beneficiada de la minería de esmeraldas durante el apartheid sudafricano (recordemos que Tesla venía de una familia campesina donde el padre era un pastor de iglesia). Retomando el tema del dinero, hay un rumor acerca de la ex-asistente de Musk, quien pidió una promoción después de 10 años a su lado y fue despedida. Luego de darle dos semanas libres, Musk le dijo que él podía hacer su trabajo, y por lo tanto, prescindía de ella. Es muy difícil pensar que el billonario se hubiese llevado bien con un hombre que tuvo que cavar túneles por $2 dólares para sacar adelante sus inventos y fue víctima de explotación laboral. 

Lo que nos lleva a la esencial diferencia entre Nikola Tesla y Elon Musk: sus motivaciones. Hay una razón por la que Tesla aguantó las difamaciones, los robos y la sepultura de su nombre en el olvido. Cuando uno de sus empleados lo confrontó con el hecho de que Marconi iba a ganar todo el reconocimiento por la radio, él respondió: «Marconi es un buen hombre. Déjelo continuar. Está usando diecisiete de mis patentes». Al fin del día, los hallazgos de Tesla no se trataban sobre él, sino sobre las personas que se beneficiaran de estos. Estamos hablando del hombre que expresamente dijo que quería distribuir energía gratis alrededor del mundo, que murió en la absoluta pobreza porque pecó de idealista y nunca se preocupó por quién usaba sus patentes o siquiera si su pago por estas era adecuado. El hombre cuya idea más controversial, el rayo de la muerte, fue presentada por él como un método para dejar de enviar personas a la guerra y hacer que solo las máquinas pelearan, con el objetivo final de convertir la guerra en algo obsoleto. Tesla fue, más allá de un genio sorprendente, un humanista.

Elon Musk es un burdo intento de esto. Públicos y medios lo han descrito como “el salvador de la humanidad”, el mesías que traerá vehículos verdes, paneles solares, la colonización de Marte. Fuera de que toda esta fachada ambientalista es deshecha por su continuo uso de jets privados, a Musk realmente no le importan los demás. El primer lanzamiento de la modalidad Autopilot en sus modelos fue fuertemente criticado cuando se reveló que las estadísticas de seguridad fueron alteradas para poder alegar que el piloto automático era más seguro que el manejar humano. Fue hasta varios choques e incendios de los Tesla que hicieron que Musk considerara hacer cambios en su funcionamiento. Similarmente, su túnel subterráneo de alta velocidad, ideado para competir contra el transporte público, se creó sin plan de evacuación, sin extinción de incendios, sin acceso a vehículos de emergencia. Cuando fue confrontado con este hecho por un experto en tránsito, respondió diciéndole que era un “idiota” y haciendo público su disgusto por el transporte público ya que “un asesino serial podría estar en ese mar de desconocidos”. Esto por no mencionar su rabieta del 2019, cuando un buzo asignado con el trabajo de rescatar a niños atrapados en una cueva subterránea señaló al minisubmarino propuesto por Musk como solo una jugada de relaciones públicas inservible y éste replicó acusándolo de “pedófilo” en una serie de tweets, sin ninguna evidencia en qué basarse. 

Dejemos algo en claro: Elon quiere cambiar el mundo y tiene visiones para ello. Pero a diferencia del altruista Tesla, necesita que sea él quien lo haga. Necesita que su nombre sea clamado y derrochado en atenciones, y hará lo que sea para lograrlo. Mentir al público para conseguir apoyo y fondos, tomar el crédito por trabajo de sus internos e ingenieros, publicar ideas descabelladas que nunca cumplirá, o bien, repetidamente aplazará.

Musk es la pesadilla de Tesla porque representa la oportunidad perdida del segundo: ser un visionario con buen manejo del dinero y todo un contexto de privilegio que respaldara su carrera científica. El simple hecho de que su nombre se utilice en un vehículo en el que se gastó conocimiento invaluable para que solo el 1% de la población lo utilice habría horrorizado moral y profesionalmente a Tesla. Es por esto que el culto de ciertos fanboys a Musk y su propia autoimagen dejan mucho qué desear. Musk no posee la inventiva, ni los valores, o siquiera el auténtico espíritu científico del serbio. Tal vez es hora de dejar de verlo como un Tesla y empezar a apreciarlo como un Alva Edison con una cuenta de Twitter increíblemente performática. 

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