Por Francisco Cubillo

A pesar de que la crisis del coronavirus detuvo la publicación de los documentos de guerra del Papa Pio XII, que duró apenas durante la semana que tomó cerrar los archivos del Vaticano, esto fue suficiente para que emergieran documentos verificando su silencio y protección al nazismo durante el holocausto, según un reporte alemán difundido por el Washington Post.

Durante la semana que los documentos estuvieron disponibles, investigadores alemanes descubrieron que el papa, quien nunca criticó de manera directa el trato nazi a los judíos, supo desde temprano y de buenas fuentes sobre la campaña de muerte gestada desde Berlín.

Según los investigadores el Vaticano habría escondido los documentos para proteger su imagen y la de Pío XII, quien no informó al gobierno estadounidense después de que uno de sus asesores argumentara que los judíos y ucranianos -principales fuentes de Pío- no podrían ser confiables por su naturaleza mentirosa y exagerada.

Los descubrimientos hunden en vergüenza a la iglesia católica romana, que ya de por si lucha por no ahogarse entre encubrimientos de abuso sexual por parte del clero, en Costa Rica y el mundo.

Estos reportes alemanes se deben a un equipo de investigadores de la Universidad de Münster, quienes viajaron a Roma a pesar de la crisis del covid-19 por la publicación histórica de los documentos de guerra de Pío XII, el pasado 2 de Marzo. Otros investigadores de Estados Unidos e Israel esperaban sumarse, pero no lo hicieron debido a la pandemia.

La investigación estuvo a cargo de Hubert Wolf, un sacerdote e historiador de la iglesia católica quien ha investigado el archivo secreto del vaticano desde su época universitaria. Wolf tiene fama de investigador objetivo y analista franco. Si después de esto Pio XII se ve peor, la iglesia católica va a tener que aceptarlo.

Pío XII, quien dirigió el catolicismo de 1939 a 1958, es ahora candidato para la canonización a pesar de ser el pontífice más controversial del siglo 20.

Conocido como «el papa de Hitler», su fallo al denunciar el holocausto provocó que durante décadas sus críticos clamasen por la publicación de sus archivos de guerra ante el escrutinio público. Sus defensores argumentan que no habló por miedo a una represalia nazi, y citan actos como el esconder judíos en iglesias, monasterios y hasta en el Vaticano como prueba de sus buenos actos.

Los trapos sucios de Pío

El arco de la historia comienza en Septiembre del 42, cuando un diplómata estadounidense entregó al Vaticano un reporte secreto sobre los asesinatos en masa de los ghettos de Varsovia, informando sobre la masacre de 100.000 judíos, además de mencionar a 50.000 muertes en Lviv, una ciudad ucraniana ocupada por Alemania.

El reporte se basaba en información de la oficina de Ginebra de la Agencia Judía por Palestina. Washington quería verificar si el Vaticano, que recibía información de católicos en todo el mundo, podría confirmar esto desde sus propias fuentes. En caso de confirmarlo, ¿tendría el vaticano alguna idea de cómo organizar al público en contra de estos crímenes?

El archivo incluía una nota confirmando que Pío había leído el reporte Norteamericano. También incluía dos cartas dirigidas al vaticano corroborando de manera independiente los reportes de las masacres en Varovia y en Lviv, según los investigadores.

Un mes antes de la comunicación Estadounidense, el arzobispo greco-ucraniano de Lviv, Andrey Sheptytsky, envió a Pío una carta mencionando la masacre de 200.000 judíos en Ucrania, bajo la «satánica» ocupación Alemana. A mediados de Septiembre, un empresario italiano llamado Malvezzi informó al monseñor Giovanni Battista Montini, el futuro papa Pablo VI, de «la increíble carnicería» de judíos que había visto en su más reciente visita a Varsovia.

Montini reportó esto al cardenal Luigi Maglione, secretario de estado del Vaticano, después de lo que el Vaticano negó a Washington poder confirmar el reporte de la Agencia Judía.

El argumento para hacerlo, según dijo Wolf al semanario de Hamburgo Die Zeit, fue una nota de otro integrante de la Secretaría de Estado, Angelo Dell’Aqua, quien luego se convirtió en Cardenal. En la nota, advertía en contra de creer el reporte judío ya que «fácilmente exageran» y que los «orientales» -refiriendose al arzobispo Sheptytsky- «no eran un ejemplo de honestidad».

La nota está en el archivo liberado en Marzo, pero no fue incluída en la serie de 11 volúmenes de documentos publicados por el Vaticano para defender la reputación de Pío. Según Wolf, es un documento clave que se ha mantenido escondido por su tono antisemita, demostrando por qué Pío XII no habló en contra del holocausto. Además, aseguró que los volúmenes previos, conocidos como Actes et Documents por su título Francés, manipuló el orden cronológico de algunos documentos para dificultar su interpretación.

El equipo de investigación también encontró tres pequeñas fotografías, mostrando reclusos de campos de concentración demacrados y cuerpos humanos en fosas comunes. Un informante los habría entregado a un nuncio en la Suiza neutral para enviarlos al Vaticano, quien confirmó su recepción dos semanas después.

Sobra mencionar que ninguno de estos recursos de inteligencia llegó nunca a Washington, ni sirvió en contra de la amenaza fascista.