Por Francisco Cubillo

Es bien sabido que la iglesia católica, posiblemente con asistencia de operativos de inteligencia estadounidenses, ayudó a ex-nazis como el burócrata Adol Eichmann, el médico de Auschwitz Josef Mengele, o el oficial de gestapo Klaus Barbie, a escapar las consecuencias del final de la guerra cómodamente en sudamérica. Ahora, podrían surgir evidencias que comprueben el papel del Vaticano en la protección de criminales de guerra.

Según dijo el investigador e historiador católico Hubert Wolf a la agencia de noticias católico-alemana KNA, existen razones para pensar que la iglesia católica podría haber formado parte de la «Línea de Ratas», una red informal que ayudó a ex-nazis de alto perfil a escapar del centro de Europa Italia y de ahí a escondites en sudamérica.

Según Wolf, los reportes del nuncio papal en Buenos Aires podrían indicar un rol del Vaticano en la línea de ratas: «¿Qué sabía el nuncio al respecto? el Vaticano podría haberles conseguido pasaportes, ¿fue el nuncio el intermediario? ¿Se encargó la embajada Argentina en Roma? Seguimos haciendo preguntas abiertas y estamos listos para cualquier tipo de respuesta», aseguró.

El nazismo no murió con Hitler

Klaus Barbie, en La Paz:

Según publicaciones de Der Spiegel con información del Bundesnachrichtendienst (BND, servicio de inteligencia alemán), el criminal de guerra nazi Klaus Barbie, conocido como «el carnicero de Lyon», funcionó como espía para los servicios secretos de Alemania Occidental mientras vivía escondido en La Paz, Bolivia.

Según los documentos del BND, bajo el nombre de Klaus Altmann, el ex-nazi informaba sobre la política boliviana a la inteligencia alemana, convirtiéndose con el tiempo en una figura importante dentro de la sociedad boliviana con importantes conexiones políticas.

El carnicero de Lyon fue expulsado de Bolivia en 1983, para ser enjuiciado en Francia, varios años después de que comenzara a enviar reportes a la inteligencia de alemania occidenta, que tenía claro su pasado nazi. Murió en 1991, después de que los franceses le condenasen a cadena perpetua.

Durante su tiempo en Bolivia, mientras informaba a Alemania Occidental el ex-nazi se relacionó con los más altos rangos militares, y durante el gobierno de 1964-1969, se convirtió en asesor de métodos de tortura y técnicas anticomunistas. Según Soria Galvarro, periodista Boliviana, mientras vivía en Bolivia Klaus Barbie solía decir que la guerra no había terminado.

Adolf Eichman, en Buenos Aires

Adolf Eichman, organizador de la deportación y muerte de millones de judíos en lo que se conoció como la «solución final» nazi, vivió cómodamente en Buenos Aires a pesar de que la inteligencia alemana supo de su ubicación 8 años antes que la inteligencia israelita.

Según el periodista argentino Max Seitz, «tras la derrota de Hitler, escapó a Argentina y vivió una vida familiar ordinaria en el barrio de San Fernando, en la provincia de Buenos Aires». No existe registro de que tuviese doble vida como espía, pero los alemanes sabían que estaba en Argentina.

Eichmann había entrado a Argentina el 14 de julio de 1950 con un pasaporte expedido por la Cruz Roja a nombre de «Ricardo Klement», con el que quería ocultar su pasado nazi. Agentes de Mossad, servicio de inteligencia israelí, le secuestraron en 1962, seguido de lo que fue trasladado a la nación hebrea donde fue enjuiciado, hallado culpable y ahorcado el mismo año.

El criminal de guerra nazi más buscado del mundo, en Sao Paulo

Médico y capitán de la SS, fuerza paramilitar del partido nazi, Josef Mengele llegó a Auschwitz en Mayo de 1943, donde inspirado en pseudociencia nazi realizó experimentos en más de 3.000 gemelos que le eran entregados tan pronto como llegasen a los campos. La mayoría murieron y algunos hasta fueron disecados, de los «gemelos de Mengele» sobrevivieron solo 200, mientras el resto fueron sometidos a cirugías y experimentos crueles, en la línea de extirpasiones de órganos sin anestesia.

Después de la guerra, Mengele pasó un tiempo escondido en una granja en Baviera. En 1949, huyó a Génova, Italia, desde donde huyó a Argentina con un pasaporte de la Cruz Roja. En Argentina vendió máquinas agrícolas de la fábrica de su familia hasta los 50’s cuando, amenazado de extradición huyó a Paraguay y luego a Brasil.

En la nación carioca vivió en Nueva Europa, Serra Negra, Caieiras y Diadema, después de lo que se mudó a Sao Paulo a mediados de los ’70. Ahí adoptó la identidad de un amigo, Wolfgang Gerhardt, quien antes de regresar a su país natal, le había pasado sus documentos.

Mengele se habría ahogado en 1979, en una playa de Bertioga, en Sao Paulo. La historia original supone que habría sido a causa de un derrame y que fue enterrado en la ciudad de Embu, bajo la identidad de su amigo Wolfgang.

Después de que reportes de la policía alemana confirmaran la muerte de Engels a su familia en Guenzburg, Baviera, en mayo de 1985, nacieron teorías de cospiración asegurando que sería una muerte fingida y que sólo la ciencia podría probar que los restos en Embu eran suyos.

La Policía Federal (PF) exhumó los restos de Embu en junio de 1985, seguido de lo que fueron examinados por el Instituto Médico Legal de Sao Paulo en conjunto a los científicos forenses más respetados del mundo. En una presentación ante la prensa, el 21 de junio, el jefe de la PF brasileña, Romeu Tuma, confirmó la identificación y la muerte de Josef Mengele seguido a lo que representantes de los diferentes países explicaron sus hallazgos.

En el momento, los científicos resaltaron que su veredicto no estaba basado en un examen conclusivo, sino en las varias evidencias que daban consistencia a la tesis de que era Mengele. La prueba de ADN, conclusión final de que Mengele estaba muerto, fue realizada en 1992 por el británico Alec Jeffrey, uno de los pioneros de la identificación genética en el mundo, e Israel aceptó el resultado.

¿Cómo es que el criminal de guerra más buscado muere ahogado en la playa?

Según el científico estadounidense Eric Stover, quien fue contratado por el Centro Simon Wiesenthal para reunir a un grupo de científicos forenses y llevarlos a Brasil, Joseph Mengele se benefició directamente de la tensión entre árabes e israelíes en Medio Oriente.

«Mossad (servicio de inteligencia de Israel) estuvo en Brasil y se cree que en una ocasión llegó a hablar con Mengele, pero nunca lo detuvieron porque a principios de los años ’60 el foco de la inteligencia israelí se distanció de la caza de nazis y se volvió hacia los vecinos, en particular Egipto, que estaba desarrollando un programa de misiles», dijo el científico.

Según dijo el historiador británico Norman Stone a la BBC en 1985, Mengele nunca fue atrapado por que «francamente, creo que nadie lo estaba buscando», a lo que agregó, «él estaba escondiéndose en lugares obvios, creo que Israel fue tan criticado por la captura de Eichmann que decidió no volver a realizar secuestros de ese tipo».

Según el historiador, los alemanes occidentales también debían tener razones para no esforzarse en su captura. Mengele se escondía en lugares obvios, se correspondía de manera obvia con persones obvias y era ayudado por sus familiares, obvio.

El fracaso en su detención es incomprensible.