Por Francisco Cubillo

Es cierto que gracias al aislamiento se pronostica una caída en las emisiones de dióxido de carbono de aproximadamente un 8% en base al carbono emitido en 2019, representando la caída de emisiones más grande en la historia. Lo que no es cierto es que esto y otros efectos de la pandemia sean realmente útiles para contrarrestar el cambio climático.

Aunque vamos en camino a un declive temporal en nuestro nivel de polución, el gran total de dióxido de carbono saturando la atmósfera, número que importa al hablar sobre calentamiento global, prácticamente no se verá impactado por la reducción.

Según el Breakthrough Institute, 2020 representará igualmente un gran aumento en los niveles de CO2 en la atmósfera, y por si solos, los cambios recientes no afectarán fundamentalmente la trayectoria de crisis climática hacia la que nos dirigimos.

A menos de que las emisiones de CO2 sean cortadas de manera radical año con año, de mantenerse las débiles políticas climáticas actuales la tierra se calentaría hasta 3 grados centígrados. Las emisiones son como tener una deuda, pero con el ambiente: poco sirve dejar de aumentarla sin empezar a reducirla.

Las emisiones no han cambiado como esperaríamos

Para cuando termine 2020 la humanidad habría emitido la misma cantidad de C02 que en 2010: 30 billones de toneladas métricas de dióxido de carbono. Antes de la pandemia, las proyecciones para 2020 indicaban un promedio de concentración de CO2 en la atmósfera de 414.2 partes por millón. Con la caída de 8% caerían hasta 413.9 ppm, pero esto sigue siendo bastante más que las concentraciones de 2019, que promediaron 411.5 ppm.

El volumen actual de emisiones definitivamente no va a bajar los niveles de CO2 en la atmósfera, aunque una reducción anual sostenida de 7.6% -como la que pide el Acuerdo de París- si podría tener efectos beneficiosos. El reto ahora es lograr la descarbonización sin mayores shocks económicos.

Aunque en mucho del mundo desarrollado grandes partes de la sociedad están cerradas, como lugares de trabajo, espacios de ocio y aforos culturales, impera un sentimiento de que el impacto de la actividad humana sobre la naturaleza se vería profundamente reducido, pero la realidad indica lo contrario.

Según Rob Jackson del Global Carbon Project sólo el transporte ha cambiado radicalmente, y una vez que las personas empiecen a moverse de nuevo habrá una nueva subida en emisiones, al igual que sucede después de cada shock económico. Fuera del sector transporte las emisiones se mantienen similares, principalmente por el consumo de energía.