Por Francisco Cubillo

La civilización atraviesa una etapa de cambio disruptivo detonado por el covid-19, ante lo que la industria, sociedad, ciencia y tecnología están volcados a solucionar la crisis, aunque en paralelo surjan situaciones inesperadas como un nuevo hueco en la capa de ozono.

A finales de Marzo y principios de Abril se descubrió la existencia de un nuevo agujero en la capa de ozono en el Ártico, el más grande en la historia, lo que dió raiz al desconcierto y la incertidumbre. Este tipo de eventos son usuales en la región Antártica, pero en el polo norte no son tan comunes.

Desde la primavera de 2011 no se observaba un agotamiento de la capa de ozono de esta magnitud sobre el Ártico, donde las columnas de ozono han alcanzaron valores bajos récord este año y la capa de ozono se agotó severamente a una altura de unos 18 kilómetros.

Por fortuna, según el Servicio de Monitoreo de la Atmósfera Copernicus, un fenómeno climático sin relación al aislamiento global propició la entrada de aire rico en ozono al Ártico. Se trata de un ciclón persistente a gran escala en la zona, ubicado en la media y alta troposfera y estratosfera, que por suerte dividió el vórtice polar aumentando la cantidad de ozono en la región.

Las proyecciones indican que el vórtice se reformaría en los próximos días, pero los niveles de ozono no se proyectan tan bajos como hace tres semanas, donde los registros bajaron un 30%, provocando temperaturas de -80c que llamaron a la alerta.