«Estoy seguro que a cualquiera le gusta un buen crimen, siempre que no sea la víctima» (Alfred Hitchcock)

Por: Pablo Sandoval

Comenzaré diciendo que soy un verdadero fanático de las películas del bueno de Hitchcock (Hitch para los amigos), así que esta nota en particular me hace muy feliz y no prometo ser muy objetivo que digamos. Es lo que te pasa cuando sos un fan. ¡Qué le vamos a hacer!

Alfred Joseph Hitchcock nació en Leytonstone, Londres el 13 de agosto de 1899 y moriría en Bel-Air, California un 29 de abril de 1980. A través de nada menos que 6 décadas de producción cinematográfica y más de 50 películas filmadas, se convertiría en el Maestro del Suspenso, llevando la magia del cine a otro nivel, creando nuevas técnicas de filmación e influyendo a otros grandes directores de cine.

«Imagínese a un hombre sentado en el sofá favorito de su casa. Debajo tiene una bomba a punto de estallar. Él lo ignora, pero el público lo sabe. Eso es el suspense.» Así es como nos definía Hitch lo que para él era la esencia de su arte.

Desde muy niño crecí entre películas de Hitchcock, libros de Agatha Christie y otros tantos de Arthur Conan Doyle y Edgar Allan Poe (lo sé, que no terminara siendo un asesino serial es todo un milagro teniendo tan buenos maestros), pero digamos que mi familia nunca fue lo que llamaríamos muy normal, así que desde chamaco me atraían las cintas hechas por él.

La primera vez que vi una de sus películas junto a mi madre (en un tele de perillas, de esos que tenían la perillita de UHF por aparte y no entraba canal 19… algunos -pocos- lo entenderán ¡eh!) fue North by Northwest protagonizada por Cary Grant.

Esa famosa escena en la que el protagonista Roger Thornhill está en medio de la nada, ve cómo se aproxima un auto y se baja un sujeto que se queda al otro lado de la carretera sin saber si es o no a quien busca, para luego ver como se aleja en un autobús y ver a la distancia una pequeña avioneta que poco a poco se va aproximando…; esa tensión en toda la escena es simplemente el sello de Hitchcock y lo que hizo que me enamorara de sus filmes.

Con Hitchcock hay todo un mundo del cual nadie sale ileso una vez que se ha atrevido a entrar en él (a la edad que sea). Su cine te lleva a un ambiente de tensión, de angustia muchas veces, de ensueño; Hitch juega con el espectador (y se divierte con ello), nos va llevando por sus historias de una manera sutil, muchas veces de una forma hasta inocente y divertida dándonos datos y giros en el proceso hasta convertirnos en cómplices de sus crímenes; y en ello radica gran parte de su inmenso éxito.

Su obra cinematográfica pasa por varias etapas. Va desde su época de cine mudo con películas como Number 13 (su primera película inconclusa) The Pleasure Garden y The Mountain Eagle: estas tres primeras películas Hitch nunca las quiso incluir dentro de su filmografía ya que las consideraba atroces y renegaba de ellas. Comienza a contar su obra desde The Lodger: A Story of the London Fog (1927). Aunque es difícil conseguirla, vale la pena hacer el esfuerzo; es aquí en donde el director comenzaría con lo que a la larga sería su legado al séptimo arte y el comienzo del cine hitchcockiano, y nos abriría una pequeña puerta a su afición a las rubias. También es la primera vez que incorporaría uno de sus sellos más famosos en sus cintas… sus cameos (ya volveremos a eso, por que parte de ese juego con el espectador es poder encontrar al gordito dentro de la peli, como cuando buscábamos a Los Zumbis, alguien por allí se recordará, espero).

Para 1929 dirigiría su primera película sonora, Blackmail. Durante esta etapa haría verdaderas joyas cinematográfica como Murder!, The Man Who Knew Too Much en su versión británica de 1934 (en 1956 realizaría un remake protagonizado por James Stewart y unas de las escenas más memorables en el El Royal Albert Hall con la orquesta de fondo). Si tienen la oportunidad de ver ambas versiones es muy interesante observar cómo lucía El Royal Albert Hall de los 30s y posteriormente en los 50s.

Otras de su grandes obras en este período son The 39 Steps, Sabotage, Shadow of a Doubt, de la cual Hitchcock siempre diría que fue su película favorita de todas las que dirigió (esa es imperdible, qué mejor que la propia recomendación del propio director). Además de dos de mis consentidas; primero la que sería su única película ganadora al Oscar, Rebecca (sí, de su legado sólo una obtuvo ese reconocimiento, con la Academia tengo serios problemas y más desde que Shakespeare in Love ganó un Oscar a mejor película… Pero bueno esa es otra historia); y además en este periodo crearía Spellbound (1945) que, en lo personal, tiene un agregado muy especial: en el rodaje participa nada más y nada menos que el mismísimo maestro del surrealismo, Salvador Dalí creando una de las escena más hermosas en el mundo de la pantalla grande. Para un fanático de Dalí y Hitch como lo soy yo, esta película lo tiene todo absolutamente todo y es que cuando se juntan los genios grandes cosas pasan (véanla sin falta les prometo que no se van a arrepentir, aparte que ver a Ingrid Bergman siempre es un placer).

Hitchcock y Dalí, dos genios del siglo XX que llegaron a trabajar juntos en Spellbound.

En 1948 dirigiría su primer largometraje en color Rope, una adaptación de la obra de teatro de Patrick Hamilton de 1929 y una de sus obras más macabras, tratada con una sutileza tan magistral que el espectador se siente cómodo con ese humor cruel que impregna los 80 minutos de la cinta. Acá Alfred jugará con la cámara, algo que también sería un sello personal en su forma de dirigir, convirtiéndola en un elemento narrativo más dentro de sus historias y que perfeccionaría durante el resto de su trayectoria.

A partir de acá comenzaría lo que muchos cinéfilos llamarían su época dorada, que se prolongaría a través de la década de los 50’s a mediados de los años 60’s.

En este período verían la luz muchas de sus largometrajes más importantes y los que lo llevarían a formar parte del olimpo del séptimo arte, ese que está reservado para muy pocos directores de cine como Luis Buñuel, Orson Welles, Ingmar Bergman, Federico Fellini, Fritz Lang, o Akira Kurosawa; tipos que redefinieron la forma de hacer películas, crearon su arte rompiendo paradigmas y aún hoy son base fundamental de la historia del cine.

Hitch nos entregaría historias tan encantadoras como To Catch a Thief (1955), o la muy simpática The Trouble with Harry (1955), hasta tramas más complejas como en Dial M For Murder (1954), una de mis consentidas de siempre Rear Window (1954) con esa exquisita primera toma en la que aparece Grace Kelly o Vertigo (1958) con toda la innovación que fue para su época en aspectos técnicos y de efectos de cámara que marcaron un antes y un después en la creación de películas.

En 1959 vería la luz North by Northwest (la que me inició en el mundo hitchcockiano) y al año siguiente su obra maestra Psycho.

Considerada por expertos como una de las mejores películas realizadas en la historia, rompe con muchos estigmas de la época: la sexualidad, la aceptación de la violencia explícita, y comportamientos pervertidos. Un hecho para mí fundamental es que vuelve al blanco y negro en una época en que todos estaban experimentando con las cintas a color, esto le da un valor agregado a Psycho y le da esa atmósfera lúgubre que envuelven los 109 minutos de la cinta.  

De principio a fin juega con nuestra mente y es en ella en donde vemos de una manera extraordinaria el uso del Macguffin (no, no, no tiene nada que ver con las hamburguesas de ese restaurante cuyo nombre no quiero recordar…): ese elemento en el que se desarrolla una historia que a la larga es irrelevante puesto que el director nos quiere distraer para luego revelarnos la verdadera trama en su argumento. Hitch fue un maestro en ello y en esta ocasión lo desarrolló tan bien que cuando fue exhibida en la gran pantalla una vez comenzada la peli no se permitía el ingreso de los espectadores para que de esta manera no se arruinara el efecto.

Posteriormente en 1963 se estrenaría The Birds en donde el maestro nos daría otra obra maestra revolucionando una vez más la forma de hacer cine e innovando con técnicas cinematográficas y efectos especiales que aún hoy son estudiados por cineastas en todo el mundo.

Acá hay miles de anécdotas para contar, pero una que siempre he tenido presente es que Hitchcock, como todo genio, tenía sus excentricidades y un genio a veces complicado. Durante el rodaje se enamora de la protagonista Tippi Heddren y comienza a acosarla, al ser rechazado por ella, Alfred se desquita usando pájaros vivos en una escena en donde se utilizarían aves mecánicas para filmar el ataque final, provocando heridas en el cuerpo de Heddren.

Con la llegada de los años 70’s se vería el ocaso de su brillante carrera como realizador de películas y nos dejaría la que a título personal me parece su obra más perturbadora Frenzy, en donde ya vemos escenas mucho más explícitas y un humor mucho más macabro, pero siempre con ese sello tan característico del buen Hitchcock.

A pesar de su larga y extensa carrera en el cine (y también en TV con su famosa Hitchcock Presenta que se transmitió de 1955 a 1966; tras su muerte entre 1985 al 89 se haría un remake de varios de sus capítulos) nunca llegaría a ganar un Oscar como mejor Director (recuerdan que les dije que no me agrada la Academia). En 1967 recibiría el Irving G. Thalberg, premio honorífico que se da a personas que han destacado en el mundo del cine, dando el discurso más corto en la historia de esos premios, su famoso: «Thank you. ..Very much indeed». El tipo fue un verdadero genio.

Como siempre, la música tiene una mención especial en las películas de Hitch (eso pasa cuando uno ha sido un músico frustrado). La musicalización de sus películas fue un elemento fundamental en su carrera y llegó a ser en muchas ocasiones más importante que los mismos actores (claro, considerando que los consideraba parte de la escenografía y que les decía que su motivación era su salario, podemos entender el porqué de ello). En 1955 aparecería en escena Bernard Herrmann, un compositor neoyorkino bastante excéntrico que ya había trabajado con Orson Welles en Citizen Kane y The War of the Worlds. Su primera colaboración fue en la simpática The Trouble with Harry dándole una hermosa fluidez a la historia. Posteriormente haría la musicalización de Vertigo desarrollando un grado de innovación musical que fue alabado en el mundo cinematográfico, siendo un elemento más fundamental dentro de la historia. Trabajarían juntos en North by Northwest y Hermann demostraría todo su genio de vanguardia en Psycho, dándole los elementos musicales necesarios para llegar a convertirla en un ícono del cine de todos los tiempos. De hecho es a él a quien le debemos esos famosos violines estridentes en las tomas de la ducha, de hecho Hitchcock en un principio se negaba a usarlos, hay que agradecer que por una vez Hich decidió hacerle caso a alguien más, en el documental presentan la escena sin el riff de los violines y allí es cuando uno se da cuenta el valor de su trabajo.

Dato a parte Hermann posteriormente trabajaría con Martin Scorsese en Taxi Driver, demostrando una vez más todo su genio a la hora de componer dándole vida a grandes obras maestras.

Como vemos a través de sus 6 décadas involucrado en el cine, Alfred Hitchcock (Hitch, que ya es amigo nuestro) nos creó un mundo lleno de intrigas, espionaje, asesinatos sutilmente tratados, humor negro, suspenso en su máxima expresión y muchísimas historias para disfrutar. Un joven nacido en uno de los suburbios de Londres que durante toda su vida como director nos abriría una pequeña ventana a sus miedos más intensos reflejados en su arte, desde el miedo a los policías por haber sido encarcelado una noche siendo un niño por haberse escapado de su casa para ir a ver trenes, hasta su temor a los huevos o hacia todo lo que tuviera que ver con religión por crecer en un hogar con una férrea disciplina católica. Llegaría a dejarnos uno de los más importantes legados del séptimo arte cambiando para siempre la forma de contar historias.

Así que, sin más, cuando vean que en el cine Magaly, o en la Sala Garbo, o en donde sea están dando una de Hitchcock, no lo piensen dos veces y déjense llevar por el Maestro del Suspenso. Los que ya nos hemos aventurado lo hemos disfrutado muchísimo, y quienes aún no han tenido la oportunidad, háganlo y verán la magia que desplegaba el bueno de Hitch en cada una de sus cintas.

Ahhh y recuerden buscar sus cameos, siempre aparecerá una fracción de segundo en casi todas sus películas (de hecho, aparece 39 veces en sus 53 películas), de espaldas, de frente, una silueta, en un diario.

“Era estrictamente funcional, porque teníamos que llenar la pantalla. Más tarde se convirtió en una superstición, y, finalmente, en un gag (golpe de efecto). Sin embargo, hoy es un gag que estorba, y para permitir a la gente ver la película con facilidad, me preocupo de que salga en los primeros cinco minutos.”

Es en realidad un hermoso juego que desarrolló con el espectador y nos revela también parte de su naturaleza tímida (aunque no lo pareciera en realidad, pero era un tipo tímido) al no querer destacarse tanto en la pantalla teniendo así apariciones sutiles.

«Dales placer, el mismo que consiguen cuando despiertan de una pesadilla».